Medianoche en París

Si hay algo que caracteriza a Woody Allen es su estilo único de hacer cine. La simpleza de sus historias y personajes. Las relaciones humanas como foco de atención, con un agregado de un humor  inteligente y con un tinte crítico de la realidad. Personajes extraídos de la vida cotidiana con problemas reales, nada complicado y esa es la simpleza que define a este gran director.

Para empezar Medianoche en Paris, cuenta la historia de Gil (Owen Wilson), un guionista de Hollywood cansado de su trabajo y con ansias de convertirse en escritor de verdad, tratando de disfrutar un corto viaje en París junto a su prometida Inez (Rachel McAdams) y a sus conservadores suegros. Mientras que ella desea regresar a Malibú, él sigue fantaseando con quedarse, ser bohemio y alejarse de su aburrida vida en EE.UU.

Durante la estadía, Inez se encuentra con una pareja amiga, Carol y Paul (Michael Sheen), un esnob pedante que se cree el ombligo del mundo y no deja de llamar la atención como un sabelotodo insoportable que es, y por quien Inez parece sentirse atraída.

Una noche mientras Gil camina por las calles de París, se encuentra con un Peugeot antiguo que lo transporta a los años veinte donde se encuentra con grandes íconos del arte y la literatura, personajes como Scott Fitzgerald (Tom Hiddleston), Ernest Hemingway (Corey Stoll), Salvador Dalí (Adrien Brody), Gertrude Stein (Kathy Bates), Cole Porter, Luis Buñuel, entre muchos otros. Allí conoce a la bella Adriana (Marion Cotillard), amante de Picasso y otros artistas.  En fin todo un grupo de personalidades que hicieron historia, pero mejor aun, que compartieron cierta pasión por el lugar donde produjeron sus mejores creaciones.

Con respecto a las actuaciones, en general están bastante bien, en especial, los personajes históricos. Sin duda, una de las mejores actuaciones de Owen Wilson, que en su personaje podemos apreciar cierto alter ego de Allen, infaltable en sus filmes,  llenos de miedos e inseguridades. Una vez más, Allen vuelve a poner de manifiesto el tema de las cuestiones existenciales, el miedo, la muerte, la vida y la pasión. Además, podemos ver como a través de este personaje expone su situación como artista, un hombre que no termina de estar conforme con su presente y realidad y vive pensando que los tiempos pasados fueron mejores;  un contraste de tiempos para valorar los atributos de su propio tiempo.

 Con una excelente ambientación de una París bohemia típica de los años. Una comedia muy bien lograda que, como suele ser en las películas de Woody, nos hace reflexionar sobre nuestra vida. La historia no decae en ningún momento, tiene muy buen ritmo. También nos deleita con algunos chistes de épocas pasadas que hacen reír, aun a aquel que tenga alguna que otra inquietud cultural.

Y como no podía faltar, la película en sí constituye un homenaje a la ciudad de las luces. Ésta se convierte en un personaje más de principio a fin como siempre lo ha hecho Allen. Desde sus comienzos lo hizo con su Nueva York natal, y en los últimos años lo ha hecho con las principales ciudades de europa, como Londres, Barcelona y ahora París.

  • Muy buena pelicula, la verdad me gustó mucho y buena reseña