Los Premios Oscar no son el problema de la diversidad en el cine

El día viernes, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood, anunció una serie de medidas que pondrá en práctica este mismo año, que limita la capacidad de acción de los votantes, así como la inclusión de nuevos puestos en la cabeza de la organización. Las medidas fueron tomadas como posibles soluciones en torno a la persistente falta de diversidad que se observa en el medio.

Luego de las nominaciones anunciadas el pasado jueves 14/01, se ha desatado una ola controversia entre las filas de Hollywood por ser el segundo año consecutivo que varias de las categorías de actuación de los Premios de la Academia no han incluido a ningún actor afroamericano o perteneciente a alguna minoría entre sus nominados. El debate ha llevado a gran cantidad de celebridades a manifestarse en contra de los Oscars, y han llamado a boicotear la ceremonia. Tanto es así que en los medios no se habla de otra cosa. Incluso, el hastag #OscarsSoWhite no tardó en ser tendencia en las principales redes sociales.

Más allá de que la discusión sea válida, que las nuevas reglas contribuyan a mejorar el panorama, y quienes se pronunciaron en contra de la nominaciones de este año, decidan o no asistir a premiación, esta polémica va mucho más allá de los Oscars.

Primero que nada, hay que reconocer que este año hubo muy pocos títulos con actores o directores de color. Que las hay, las hay. Pero eso no significa que por el mero hecho de existir merezcan una nominación al Oscar.

En segundo lugar, el problema de la diversidad en el cine es algo que siempre ha estado presente a lo largo de la historia, especialmente en Hollywood. Todos sabemos que una película vende si tiene a un buen director detrás de cámaras, o si cuentan con una estrella de renombre para protagonizarla. ¿Acaso la saga de The Hunger Games habría sido éxito que tuvo si no hubiese tenido a Jennifer Lawrence en el rol de Katniss? (Recordemos que la actriz fue anunciada como protagonista al poco tiempo de ser nominada al Oscar como Mejor Actriz por su actuación en Winter’s Bone). ¿Creen que la saga hubiese tenido la efectividad que tuvo entre la audiencia y los críticos si en su lugar hubiesen elegido a una actriz desconocida, o una actriz afro-americana o asiática? Obviamente no.

La aclamada película de Alejandro González Iñárritu, The Revenant ¿tendría 12 nominaciones al Oscar si no contara con Leonardo DiCaprio a la cabeza del reparto? ¿Qué hubiera pasado si en su lugar hubiesen puesto a un miembro de la comunidad originaria?

Como se puede ver la cuestión va mucho más allá de los Oscars. Claro que los premios son una plataforma altamente politizada, que otorga prestigio y que el día de su presentación se emite en cientos de países, poniendo en el centro de atención a unas pocas estrellas y películas elegidas por una minoría. Pero el problema de raíz es mucho más profundo.

Los festivales y circuitos de premiación de EE.UU y Europa giran en torno a una industria cinematográfica puramente comercial. Pensemos en las miles de películas que jamás llegan al circuito. O en los largometrajes que son elogiados en algún que otro certamen europeo y no llegan a cruzar el charco. No en vano, cada vez son más los artistas que se vuelcan al circuito indie, donde la mayoría de las veces encuentran un espacio para contar historias y desarrollar personajes que a los grandes estudios no les interesa mostrar.

Hollywood es una industria millonaria que mueve miles y miles de dólares cada año! Los grandes estudios y los productores no van a lanzar al mercado una película con la que corren riesgo de pérdida. O sí, si consideramos la profunda crisis de creatividad que atraviesan. Por no mencionar la cantidad de historias que serán un fracaso antes de ver siquiera la luz o la incontable cantidad de remakes que año a año se anuncian.

En tanto los estudios no cambien sus formas de producir, hacer y distribuir películas, no veremos cambios muy significativos. Y no hablamos de incluir tan solo a mayor número de actores afroamericanos en sus producciones, sino asiáticos, europeos, latinos, sin importar el color de su piel o etnia. Nos referimos a que haya una verdadera inclusión.

Y lo que es primordial, comenzar a educar a las audiencias! Lamentablemente en el año 2016, pleno siglo XXI, aún tenemos grandes problemas de aceptación cultural. Vamos… todos sabemos cuál fue la primera reacción cuando se anunció la nueva película de Star Wars: The Force Awakens. No fue el hecho de que la saga tuviera una nueva instancia, ni que George Lucas no volviera a dirigir. Fue el hecho de que tuviera al actor afro-americano John Boyega de protagonista.

El racismo es una constante en el cine, así como en muchos otro ámbitos de la sociedad. Y ni entremos a debatir sobre el rol de la mujer en la industria cinematográfica que el altamente desigual y discriminatorio.

Mientras no haya un verdadero cambio en la industria del cine, nos vamos a sentar cada domingo de febrero viendo un montón de celebridades “blancas” desfilar por la alfombra roja en atuendos de alta costura. Es decir, un show de occidentales hecho para occidentales.

No creo que boicotear la ceremonia del próximo 28 de febrero sea la solución. De hecho, el boicot también es una forma de racismo contra aquellos que han sido reconocidos este año. Pero como lo dije al comienzo, el tema es mucho más profundo y complejo.